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El viajero del siglo, de Andrés Neuman (Alfaguara, 2009) |
Título: El viajero del tiempo
Autor: Andrés Neuman
Género: Novela
Primera edición: 2009
Edición comentada: Alfaguara Santillana
Autor: Andrés Neuman
Género: Novela
Primera edición: 2009
Edición comentada: Alfaguara Santillana
A Wandernburgo, una
ciudad “móvil” entre Sajonia y Prusia (geográficamente indeterminada), ha
llegado un viajero sin aparentes raíces, un hombre extraño tocado con un
birrete que ha hecho del viaje por el viaje su razón de ser, alguien para quien
el mundo y la vida no son sino una sucesión de estampas callejeras que en nada
le comprometen. Wandernburgo no es un destino final sino una etapa más. Y sin
embargo… hay algo en la ciudad y en sus habitantes que le atrae
irremediablemente. Con el paso de los días, este hombre sin aparentes ataduras
acaba preso de una serie de fuerzas ignotas que le impiden abandonar el lugar; donde
antes había un viajero ahora hay un ciudadano.
Hans, pues ese es
su nombre, se hospeda en una pensión barojiana que no hubiera tardado en
abandonar si un viejo organillero primero, y luego una atractiva e interesante
joven después, no se hubieran cruzado en su camino. Y si en un principio
Wandernburgo iba ser un puerto más para este marino de asfalto, acabará por
convertirse, por capricho del casquivano destino, en el capítulo más
comprometido de su existencia.
Este es, grosso modo, el argumento de El viajero del siglo, de Andrés Neuman, ambiciosa
novela que ganó el Premio Alfaguara de novela 2009 y el Premio Nacional de la Crítica en 2010. De larga extensión (531
páginas en una fuente más bien pequeña, sin apenas saltos de líneas), El viajero del siglo es mucho más que la
historia de un diletante entregado al estudio del mundo y de la condición
humana. Por sus páginas se pasean personajes memorables (un viejo organillero,
la atractiva e inteligente Sophie, su prometido Rudi, el propio Hans) que van
entretejiendo una red de relaciones personales de las que se sirve el autor
para conformar un mosaico cultural del
agrado de cualquier humanista.
Narrada con
morosidad en la acción y con un lenguaje cincelado y erudito, El viajero del siglo, como ocurre con
las grandes novelas de Dostoievski, le ofrece al lector una narración concebida
al servicio del debate de las ideas (política, sociedad, psicología…). En este
caso, el ágora donde se debaten las ideas tiene por escenario el salón de la
casa del padre de Sophie, donde la inteligencia local se reúne con asiduidad para
debatir sobre lo divino y lo humano. Un salón donde se defienden o se condenan con
igual pasión las ideas y las convenciones del momento, y donde Hans, más allá
del escarceo ideológico, encuentra hueco para otro escarceo aún más peligroso:
el romántico. Su adorada Sophie es una mujer que concentra en su persona las
contradicciones del siglo: inteligente, atractiva, irónica y atrevida, y aun
así sometida a un mundo gobernado, como siempre, por los hombres.
Una gran novela
justamente premiada, culturalista por momentos y lenta en su desarrollo –pero
siempre amena– que no solo le invita al lector a deleitarse con la narración
sino que le incita a repensar adónde vamos y de dónde venimos. Una novela, en
fin, que presupone un puente cultural entre el siglo XIX, cuando todo estaba
por pensar y por hacer, y el siglo XXI, que parece haber perdido la fascinación
por las grandes ideas y en consecuencia por los grandes cambios.
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